La Rusia represora que no pudo ser.
El mito de la ucrania sagrada: Guerra civil ucraniana, julio de 1917
El verano de 1917 es fundamental para entender los mitos fundacionales de la sagrada Ucrania, con una historia de mil años. Una historia de mil años muy cogida con papel de fumar y basada no en un estado concreto ni en territorio muy definido, pero siempre centrado alrededor de Kiev o Kiv según la pronunciación dialectal. Esto tiene una importancia material capital. Podemos decir que en muchos aspectos Ucrania es como la Andalucía de Rusia. En términos geográficos e históricos tiene varias analogías.
Kiev sin embargo sin ninguna duda, sin ninguna concesión, es la Sevilla de la Rusia de 1917, como Sevilla fue la Kiev de 1936. Un lugar donde desde tiempos inmemoriales anidaba la clase más despreciable de los terratenientes y aristócratas que describe habitualmente en sus novelas León Tolstoy, los crápulas aristócratas absentistas que dilapidan literalmente sus herencias, sus rentas o el fruto del sudor del campesino siervo. Moscú fue el lugar donde describía en Guerra y paz a esa gente tan “libre” que no tenía leyes que les afectaran ni morales ni legales. En Kiev digamos que no estarían los representantes más destacados de esa clase rentista, pero sería una importante capital de provincias. Sin duda sería un lugar de reunión de palacios de los grandes terratenientes y aristócratas zaristas de Ucrania. Donde se concentrarían las autoridades políticas y los grandes acontecimientos de sociedad.
Todos los aristócratas y terratenientes de la zona que se preciaran tendrían un palacio en esa capital. En ese ambiente entre funcionarios, rentistas y militares es en donde tienen necesariamente que reagruparse y refugiarse la reacción contrarrevolucionaria por pura necesidad en un momento de crisis revolucionaria. Ese momento llego paulatinamente con el hundimiento del estado zarista a causa de la guerra con Prusia y Austro- Hungría, la Primera Guerra Mundial. En febrero de 1917 las prisiones fueron asaltadas, al igual que las panaderías y algunos cuarteles, en muchos lugares un gran número de subversivos y de bandoleros rurales salieron de prisión. La inseguridad de la gente guapa les hizo agruparse y reforzarse en las principales plazas. Pero el verano de 1917 fue la hecatombe de los terratenientes en toda Rusia y en Ucrania. El último gobierno provisional presidido por Kérenski no tenía dinero para pagar a los funcionarios, jueces y policías. Los policías en las zonas rurales pedían trabajo a los señores feudales allí donde los terratenientes resistían en sus fincas o se iban como el resto de los funcionarios hacia Kiev u Odesa.
Crimea muy pronto fue un lugar muy peligroso para todos los “oligarcas” y milicos, los marinos de la armada del mar negro como en la armada del báltico pasaron a cuchillo a sus oficiales.
La ofensiva de julio de 1917 fue la puntilla del gobierno provisional de Keresky. El desastroso estado del ejército zarista no permitía suponer nada diferente a un fracaso estrepitoso de la ofensiva rusa. Pero la catástrofe fue de una dimensión cualitativamente trascendente. El ejército ruso se disuelve literalmente en una ola de deserciones que desemboca en auténticas mareas de hordas jacobinas. Miles de soldados vuelven a sus casas desde el frente matando a oficiales y quemando palacios de terratenientes por el camino. Mientras que los revolucionarios y bandidos liberados en Febrero llegan por otros frentes. Todo esto confluye incluso con más fuerza en una Ucrania más económicamente rural que el resto de Rusia.
Las ciudades rusas como Moscú, Petrogrado… estaban bajo la autoridad del gobierno Keresky con la complicidad de los izquierdistas, como los bolcheviques que se erigieron en apagafuegos, mientras que el campo era un infierno que iba más allá del jacobinismo sangriento, era el infierno de la revolución social, de la subversión de las normas sociales.
Todo el campo del imperio ruso estaba fuera de control pero en Ucrania los terratenientes y los funcionarios se sentían abandonados por el estado central, Kiev y sus habitantes más ilustres se sentían asediados. Los palacios y dachas de los terratenientes rurales guardados por los policías rurales convertidos en mercenarios eran nada más que fortalezas asediadas sin muchas posibilidades de sobrevivir. En los pueblos y ciudades pequeñas las hordas campesinas reforzadas por los vecinos liberados de las cárceles y los soldados desertores tomaban los ayuntamientos, juzgados y comisarias. La mayor parte abandonados y sin uso durante semanas.
Se quemaban los archivos de la propiedad, como en Casas Viejas en la Andalucía de 1933. Pero en este caso no había nadie en cientos de esos pueblos que lo pudiera impedir. Se formaban comités de milicias, de abastos, de expropiación … Las asambleas populares en pueblos y villas tomaban el poder. Se formaban batallones rojos o negros contra las dachas que aun resistían, no había oposición que pudiera resistir a las milicias de campesinos y soldados.
La Kiev asediada necesitaba imperiosamente un estado que pusiera orden y defendiera la propiedad privada. Pero no había nadie al que dirigirse, eso y no otras cosas fue lo decisivo y fundamental en la creación de un proto estado entorno a Kiev y otras ciudades donde se refugiaba masivamente la clase terrateniente.
El patriciado terrateniente de Kiev decidió por pura supervivencia de clase crear su republica idealizada donde cientos de miles de campesinos, idealmente serian masacrados por las fuerzas contrarrevolucionarias que saldrían de la Sevilla del imperio ruso, la carretera de Kiev seria la carretera de Sevilla en 1936, una carretera de muerte.
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